El desafío de
reinventarse como líder
El
ejercicio de la responsabilidad gerencial implica retarse diariamente frente a
los desafíos organizacionales que plantea la realidad del mercado y en
reconocer que su gestión puede dar mejores resultados, que su trabajo será
calificado por las partes interesadas por las evidencias de éxito que obtenga y
no por el número de horas que trabaja, por la rentabilidad generada y no por
los informes entregados, por los nuevos negocios y clientes que trajo a la
organización y no por el número de problemas que resolvió, por los crecimientos
que tuvo en lo financiero y no por las veces que salió tarde de la oficina.
Ser
gerente, con vocación de líder, implica también identificar los factores que
generan desconfianza al interior de la empresa, reconocer los elementos que
agregan valor y los que producen división en los procesos, motivar a los que
con su actitud contribuyen al logro de los objetivos propuestos y tomar
decisiones a veces dolorosas y difíciles pero necesarias para mantener y
conservar la imagen y reputación de la empresa ante clientes y proveedores. Ser
gerente va más allá de un cargo que se asigna, es la oportunidad de diseñar e
implantar un modelo de gestión que sea reconocido y valorado por todos los que
le rodean.
El
liderazgo es un atributo del cual se ha hablado mucho en la literatura
organizacional y que se establece como paradigmático en la acción de quienes
tienen la responsabilidad de guiar y llevar las riendas de la organización, de
formular o cumplir las estrategias organizacionales que aseguren la permanencia
y crecimiento de la empresa en el futuro cercano. Ser líder es una competencia
personal que es urgida y requerida por todos los que conforman el equipo de
trabajo y que esperan una directriz clara del punto de llegada, el líder se
convierte en referente de todos los convocados, de todos los que día a día
reconocen que necesitan saber hacia dónde se dirige la organización.
Es
preciso recordar aquí, referenciando a Tom Peters, que la responsabilidad del
líder es cambiar la reglas antes que otro lo haga, ser propositivo y que es
mejor ser cuestionado por hacer que por permanecer inmóvil sin disipar la
ambigüedad y la incertidumbre que genera el no identificar los factores que
anuncian la llegada de nuevos tiempos, quizá tormentosos y riesgosos para la
permanencia de la organización en un mercado cada vez más competido y menos
compasivo.
Hemos
escuchado hasta el cansancio quizá, que los éxitos del ayer no aseguran los del
mañana y sin embargo queremos, en muchas ocasiones, refugiarnos en las tibias
aguas de la mediocridad, conformándonos con cumplir los objetivos en su límite
inferior y dejando que las cosas sucedan. Es posible que en ocasiones tengamos
la tentación de ocultar la cabeza como el avestruz y esperar que la crisis
pase, finalmente ya en otras ocasiones esta fórmula sirvió. Sin embargo la
realidad es que hay decisiones que no dan espera y que es preciso incluso
arriesgarnos para recuperar el liderazgo perdido, el liderazgo personal, del
equipo o de la organización.
Los gerentes de las áreas, así como los de las organizaciones, tienen una responsabilidad que va más allá del día a día y es la de diseñar planes de acción capaces de motivar e involucrar a los miembros del equipo en la búsqueda y encuentro de resultados diferenciadores.
Los gerentes de las áreas, así como los de las organizaciones, tienen una responsabilidad que va más allá del día a día y es la de diseñar planes de acción capaces de motivar e involucrar a los miembros del equipo en la búsqueda y encuentro de resultados diferenciadores.
Durante
muchos años los gurús de la administración nos han llevado por los caminos de
las metáforas, de las historias empresariales, de los conceptos complejos y de
los sencillos, de los sistemas de gestión certificables y no certificables, de
las teorías que van de la A hasta la Z, de los modelos de gestión y
administración, etc…, de tal manera que quizá nuestra biblioteca se convirtió
en el recetario de fórmulas, algunas mágicas y otras ayudadas con software de
alto valor con el fin de encontrar el remedio a los problemas que identificamos
en las empresas. Hemos transitado una historia llena de leyendas ganadoras, de
empresas que han aplicado estos modelos y lograron convertirse en referente
paradigmático de la gestión empresarial, sin embargo la realidad se encarga
todos los días de mostrarnos que quizá en este menú no hemos incluido todas las
opciones o quizá, por el contrario, tiene muchas cosas y lo que pretendía ser
una solución sencilla termino por convertirse en una compleja experiencia que
genera resistencia y rechazo en la organización.
La
turbulencia organizacional es una premisa casi que requerida en las empresas de
hoy, se navega entre la tormenta de la competencia y la esperanza de encontrar
el océano azul aparece como una posibilidad en el horizonte. La organización
deberá emerger con talentos cargados de iniciativas y confía en que sus líderes
reconocerán las mejores opciones para avanzar hacia el logro de las estrategias
planteadas como ganadoras.
El
liderazgo gerencial requiere entonces algunas características que nutren la
gestión en la empresa pero también en la vida personal, implica la capacidad de
reinventarse a sí mismo por medio del reconocimiento de las características
claves del proceso de crecimiento personal. A continuación propongo un decálogo
que seguramente estará incompleto pero al menos será el punto de partida para
todos aquellos líderes que se sienten fatigados en el camino y quisieran hacer
un pare para tomar un segundo aire que les permita descubrir que pueden y
tienen mucho para dar en la cotidianidad que le corresponde enfrentar.
Como
digo, es posible que falten muchas más cualidades, competencias, valores o
factores, pero es un comienzo que seguro servirá para revisar y recomponer
aquello que reconocemos que podemos hacer mejor.
El
líder que se reinventa a sí mismo es una persona que se
caracteriza e identifica por ser:
- Integro: puede definirse como una persona que hace lo correcto aunque le resulte difícil y que guarda coherencia entre lo que piensa y lo que hace, su comportamiento social le lleva a reconocer que lo privado y lo público son dos instancias diferentes pero no contradictorias y que por tanto lo que se diga en privado puede ser repetido en público. Vale por lo que es y pone al servicio de los demás todas sus potencialidades de tal manera que se convierte en referente de su equipo de trabajo, enfrenta nuevos escenarios con la certeza que su actuar será guiado por las conductas adecuadas.
- Respetuoso: Su alcance tiene que ver con la capacidad de reconocer y valorar las diferencias entre las personas que confirman el equipo, el líder que no agrede ni atropella las maneras de pensar diferentes o las opiniones que no se parecen a la suya. El respeto atiende al entendimiento de las características que nos hacen diferentes, entender que podemos no estar de acuerdo pero los comportamientos deben ajustarse a los parámetros que social o culturalmente se han establecido.
- Capaz: Se entiende que un líder posee unos conocimientos y habilidades que le permiten ofrecer respaldo con su actuación a los miembros del equipo, se refiere a la competencia que desarrolla el líder en situaciones específicas. Las capacidades serán de gran impacto en la medida en que sean utilizadas en el momento requerido. Este aspecto es crucial ya que en muchas ocasiones confiamos en las capacidades del líder y éste defrauda porque no las utiliza en el momento y en las circunstancias requeridas.
- Talentoso: Se refiere a que tiene la oportunidad de evidenciar su habilidad para aprovechar al máximo los conocimientos y habilidades de las personas que integran su equipo de trabajo, los ubica donde pueden dar un rendimiento superior y hace el seguimiento necesario para obtener los resultados esperados. Un líder talentoso tiene el potencial para reconocer sus fortalezas y debilidades frente a los diferentes retos que a diario se presentan en su gestión, establece rutinas que permitan resolver lo urgente e importante y desarrolla estrategias orientadas a planear las actividades requeridas en su cargo.
- Humilde: El líder tiene un autoconcepto de sí mismo que le permite reconocer e identificar las fronteras de sus capacidades y sus talentos, pone al servicio de los demás sus habilidades y contribuye generosamente sin esperar que su aporte sea exaltado como determinante por el equipo. La humildad es el silencio que le permite escuchar a los demás en su contexto, es la posibilidad que se brinda el líder de alejar la soberbia que en muchas ocasiones conduce al fracaso a las organizaciones, es comprender que los otros tienen algo valioso que decir, que la competencia también puede enseñar y de la cual se debe aprender cada día.
- Comunicador: Reconoce que todos en el equipo deben conocer y saber hacia dónde se dirige el área o la empresa, crea espacios donde todos puedan expresar sus opiniones y establece mecanismos que le permiten a todos conocer los avances, dificultades en el desarrollo de los proyectos y tareas del equipo de trabajo. Ser un líder comunicador es una oportunidad para desarrollar la asertividad como factor diferenciador en la relación interpersonal.
- Innovador: El liderazgo siempre requiere de alguien capaz de imaginar el futuro que no ha llegado pero que es posible construir. Proponer nuevos escenarios para obtener mejores resultados, potenciar las capacidades y generar alternativas para aprovechar de la mejor manera las nuevas tecnologías disponibles. Este líder interpreta las nuevas realidades y las transforma en beneficio de los resultados esperados en la gestión.
- Visionario: Si por algo se caracteriza el líder, según muchos autores especialistas en el tema, es precisamente por la capacidad que tiene de realizar una “mirada helicóptero” es decir, tomar distancia de la realidad y ser capaz de tener una mirada holística de la misma y de esta manera poder reconocer los factores que apoyan o dificultan la consecución de los objetivos del equipo, es un campeón del cambio porque es capaz, no sólo de imaginarse el futuro, sino de verlo a partir de la realidad presente.
- Persistente: Es la capacidad de entender que el camino no está exento de dificultades y que es preciso insistir a pesar de la derrotas no esperadas y de los fracasos no calculados. El éxito se alcanza luego de mucho esfuerzo, el reconocimiento público es consecuencia no causa, rendirse no puede estar en el vocabulario del líder, es posible que sea preciso hacer un pare, revisar la ruta, ajustar las decisiones, cambiar la estrategia o diseñar nuevas alternativas pero el punto de llegada debe permanecer. En este sentido es imprescindible fortalecer el qué (como punto de llegada) y flexibilizar el cómo se desarrollará la estrategia.
- Prioriza: Finalmente, e igualmente importante, el líder organizacional establece un modelo de gestión que le permite reconocer la mejor manera de dirigir sus esfuerzos frente a los pendientes que cada día surgen en el desarrollo de su labor. Identificar los temas que agregan valor por sobre aquellos que por lo general representan una distracción. En este punto es preciso reconocer que las actividades deben ubicarse en el pareto diferenciador de tal manera que podamos optimizar y fortalecer también los procesos de delegación a otros miembros del equipo que pos su formación, experiencia y/o disposición serán un apoyo en la ejecución de las tareas y un motivador en el desempeño esperado.
Espero
que estas ideas nos ayuden a identificar si el liderazgo que ejercemos requiere
ser repotenciado, revisado o por lo menos animado, son muchas las ocasiones en
que quizá perdemos el impulso y la frustración nos hace pensar que nada más hay
por hacer y es precisamente en ese momento en que podemos decir todo lo
contrario y emplear nuestro criterio para asumir el decálogo visto como una
oportunidad para descubrir nuevos horizontes para y en la organización en la
cual nos encontramos actualmente.
COMENTARIO:
Lcdo. Héctor Daniel Gil
El
autor del artículo, El desafío de reinventarse como líder hace referencia a las cualidades que debe
tener el líder de la actualidad, como tener vocación e identificar los
factores que generan desconfianza al interior de la organización, reconocer los
elementos que agregan valor y los que producen división, de manera lograr
motivar e integrar a todos para contribuir al logro de los objetivos propuestos.
A la vez tomar decisiones a veces difíciles pero necesarias para mantener y
conservar los objetivos de la organización. Por lo expuesto un líder siempre va estar en constante dinamismo para el
logro del desarrollo de toda organización.
Me parece muy acertada tu repuesta
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