El
poder puesto al servicio del liderazgo
“El poder es
la habilidad de obtener todo lo que se desea del entorno, considerando lo que
está disponible” - H.B. Karp
¿Goza usted
de una posición de poder? Si es así, ¿cómo maneja ese privilegio? ¿Ejerce el
poder fascinación sobre usted? ¿Cómo se siente al percibir el poder que tiene
para ejercer influencia o control sobre otras personas? ¿El poder que detenta
le ha sido otorgado desde afuera o emana de su vida interior? Normalmente,
¿cómo se siente: poderoso o desempoderado? ¿Su estilo de ejercer el poder
contribuye a la obtención de los resultados y metas esperados por usted y su
organización? Las respuestas a estas preguntas pueden traer revelaciones
importantes acerca de cómo usted maneja el poder.
Una de las
motivaciones más fuertes del ser humano es la búsqueda del poder. Esta búsqueda
está relacionada con el deseo y/o necesidad de controlar o transformar el
entorno y las circunstancias que le rodean. Muchas personas se sienten
cautivados por el poder, sobre todo aquellas que han estado privadas de él. Las
personas, organizaciones y naciones luchan por el poder, porque se sienten atraídos
por el prestigio, riqueza, estatus, dominio, control y reconocimiento que
parecen derivar de él. A lo largo de la historia de la humanidad, lograr poder
ha venido a significar sinónimo de éxito. El acumular y ejercer poder ha venido
a ser sinónimo de liderazgo.
¿Qué
entiende normalmente la gente por poder?
Muchas
personas asocian el poder con la posición o con la capacidad de controlar
recursos o personas. Otros lo asocian con la capacidad de dominar a otros.
Algunos asocian el poder con ambición desmedida, y piensan que el poder
corrompe por ser intrínsecamente malo. Hay quienes lo definen como lo opuesto a
la humildad. Algunos hablan de poder bueno y de poder malo. Mientras que
existen quienes creen que es necesario como fundamento de cualquier forma de
gobierno y liderazgo. Pero más allá de las consideraciones morales o
filosóficas sobre el poder, éste no es ni bueno ni malo, ni positivo ni
negativo por sí mismo. El poder es neutro. El cómo las personas lo usan es lo
que establece la diferencia.
El poder puede ser constructivo o destructivo, según cómo se emplee y para los fines que se use; por eso el uso del poder conlleva una gran responsabilidad. El poder puede ser usado con sensibilidad y respeto por los demás, como un instrumento para la contribución, el servicio y el logro de fines compartidos, o para fines ególatras y utilitarios. En esto radica el ejercicio ético del poder.
El poder puede ser constructivo o destructivo, según cómo se emplee y para los fines que se use; por eso el uso del poder conlleva una gran responsabilidad. El poder puede ser usado con sensibilidad y respeto por los demás, como un instrumento para la contribución, el servicio y el logro de fines compartidos, o para fines ególatras y utilitarios. En esto radica el ejercicio ético del poder.
¿Qué es el
poder?
Warren
Bennis define el poder como “la energía básica necesaria para iniciar y
continuar una acción… la capacidad para traducir intención en realidad y
continuarla”. Así mismo Manuel Barroso dice que el poder “es energía que se
mueve hacia objetivos definidos”. Esta definición de poder está alejada de los
estereotipos que definen el poder en función de la posición e investidura
legal, para definirlo con una competencia personal. Como la capacidad para
movilizar la energía propia hacia objetivos y visiones personales y
organizacionales. Esta habilidad no puede faltar en el ejercicio del liderazgo.
Necesidad de
contextualizar el ejercicio del poder
Muchos
líderes y gerentes ven el poder como un recurso que la organización les
confiere a través de la investidura del puesto, para controlar, imponer sus
ideas, ejercer la “autoridad de la posición” para hacer cumplir los
requerimientos de la organización. Esta noción del ejercicio del poder ha
perdido vigencia y efectividad. Los trabajadores del siglo veintiuno no son la
misma clase trabajadora del siglo pasado; el trabajador de hoy en día es más
educado y formado, más deseoso de participar en la toma de decisiones. La gente
de hoy no se conforma con “recibir y cumplir órdenes”. Por otra parte, el
contexto social que rodea a las organizaciones de hoy en día, especialmente en
nuestras realidades Latinoamericanas, es más exigente desde el punto de vista
de la responsabilidad social empresarial, legal y laboralmente más demandante,
económicamente más comprometido, y políticamente más complejo. El esquema del
mandamás ya no funciona.
En el caso las empresas latinoamericanas, la coyuntura laboral actual caracterizada por la presencia del elemento político en los sindicatos, las exigencias de las legislaciones laborales vigentes sumadas a una conflictividad laboral creciente, el impacto mediático de la propaganda anti empresa presente en algunos países, hace más difícil y complejo el rol del gerente / líder latinoamericano. En este contexto una parte importante de los trabajadores venezolanos perciben a la empresa como su enemiga que busca explotarlos. Dada esta situación política y social se requiere de líderes / gerentes con un estilo de ejercer el poder alineado con un liderazgo más comprometido con las necesidades de la organización y las personas que laboran en ella; más enfocado en la gente (necesidades, opiniones, requerimientos).
En el caso las empresas latinoamericanas, la coyuntura laboral actual caracterizada por la presencia del elemento político en los sindicatos, las exigencias de las legislaciones laborales vigentes sumadas a una conflictividad laboral creciente, el impacto mediático de la propaganda anti empresa presente en algunos países, hace más difícil y complejo el rol del gerente / líder latinoamericano. En este contexto una parte importante de los trabajadores venezolanos perciben a la empresa como su enemiga que busca explotarlos. Dada esta situación política y social se requiere de líderes / gerentes con un estilo de ejercer el poder alineado con un liderazgo más comprometido con las necesidades de la organización y las personas que laboran en ella; más enfocado en la gente (necesidades, opiniones, requerimientos).
Se requiere
de un ejercicio de poder basado en un liderazgo más participativo, que propicie
la búsqueda del consenso, la creación de alianzas y las negociaciones
creativas. Un ejercicio de poder que incluya la comunicación y el dialogo como
vía para la concertación y la solución de conflictos. Un poder ejercido desde
el liderazgo como instrumento de influencia orientada al logro de los objetivos
comunes.
El poder y su relación con el liderazgo
El poder y su relación con el liderazgo
Por otra
parte, el poder ejercido sin liderazgo deviene en coerción, manipulación y
autoritarismo; pero el poder puesto al servicio del liderazgo es transformador.
El poder sin el liderazgo como vehículo de expresión, carece de influencia real
y duradera; logra adhesión, pero por miedo, sin convicción y compromiso. Podemos
argumentar, como lo dice W. Bennis: “El liderazgo es el recto uso del poder”.
Sir Gordon Brunton a su vez define el liderazgo como “el uso inteligente y
sensible del poder”.
El ejercicio
del poder que genera liderazgo no es el que viene por la investidura del
puesto, sino por el modelaje, el desarrollo de competencias comunicacionales
asertivas, la habilidad para la resolución de conflictos y la negociación, y el
enfoque y la acción dirigida al logro de los objetivos organizacionales, sin
perder de vista la necesidades de las personas. Este ejercicio desarrolla poder
personal. El poder personal no es un asunto de posición o jerarquía, como
tampoco lo es el liderazgo. En tal sentido comenta John Adair: ”Su posición no
le da el derecho a mandar; sólo le impone el deber de vivir en tal forma que
los demás puedan recibir sus órdenes sin sentirse humillados”. El poder
ejercido desde la investidura legal, desde la jerarquía organizacional, desde
la posición, pero carente de las competencias personales y profesionales para
el liderazgo, degenera indefectiblemente en el ejercicio abusivo y manipulador
del poder.
Si las habilidades comunicacionales del líder son limitadas, si su capacidad para en visionar un futuro mejor es miope, si sus competencias para el trato interpersonal son deficientes, si su resolución para permanecer fiel a unos valores bien metabolizados y arraigados no es firme; entonces, cuando vengan los momentos de crisis, se sentirá presionado a recurrir a la fuerza, a la manipulación, a la coerción y al control para conseguir los resultados planteados; en vez del dialogo, la participación, el trabajo en equipo y la conciliación de intereses.
Aprender a usar el poder para liderar, vale decir, generar influencia para conseguir resultados con base a objetivos compartidos, requiere aprender a usar la capacidad de movilizar la energía propia hacia esos objetivos compartidos definidos, con el fin de transformar el entorno, lo cual demanda el desarrollo de destrezas y habilidades para el liderazgo. El desarrollo de la capacidad para liderar, provee a la persona de la estructura, el sentido y la orientación para que exprese su poder hacia el logro de los resultados propuestos. Ahora, desarrollar liderazgo como vehículo de expresión del poder personal, es un proceso. Crecer en liderazgo implica un proceso de crecimiento personal, que se relaciona con la formación y el desarrollo del carácter, que se forja desde adentro hacia fuera, desde la claridad de los procesos personales del líder, desde la conciencia de su interioridad.
Hay personas que expresan el poder en forma coercitiva, para controlar, manipular, avasallar y obtener la obediencia de los demás. El poder expresado de esta forma utiliza el temor como instrumento. El poder funcionando de esta forma es un camuflaje para las carencias y necesidades insatisfechas; una tragedia y una senda peligrosa, que destruye la moral de las organizaciones, aniquila el buen clima organizacional, siembra la improductividad en el trabajo y llena a la organización de gente resentida. Pero el liderazgo no es una técnica de manipulación o metodología para mejorar el desempeño. El poder ejercido de esta manera: con manipulación, coerción y engaño, sin el desarrollo de la capacidad para el liderazgo, no reconoce los límites del otro; está viciado, y está desconectado del contacto con la gente y sus necesidades (foco de atención del verdadero líder). El liderazgo, por el contrario, supone la capacidad de ejercer el poder con respeto por lo demás, con responsabilidad, en el marco de unos valores y principios arraigados y comprometidos. El líder es aquel que enfoca su poder al servicio de una causa superior, que es movilizado por un propósito que está más allá de sus metas y necesidades personales.
Si las habilidades comunicacionales del líder son limitadas, si su capacidad para en visionar un futuro mejor es miope, si sus competencias para el trato interpersonal son deficientes, si su resolución para permanecer fiel a unos valores bien metabolizados y arraigados no es firme; entonces, cuando vengan los momentos de crisis, se sentirá presionado a recurrir a la fuerza, a la manipulación, a la coerción y al control para conseguir los resultados planteados; en vez del dialogo, la participación, el trabajo en equipo y la conciliación de intereses.
Aprender a usar el poder para liderar, vale decir, generar influencia para conseguir resultados con base a objetivos compartidos, requiere aprender a usar la capacidad de movilizar la energía propia hacia esos objetivos compartidos definidos, con el fin de transformar el entorno, lo cual demanda el desarrollo de destrezas y habilidades para el liderazgo. El desarrollo de la capacidad para liderar, provee a la persona de la estructura, el sentido y la orientación para que exprese su poder hacia el logro de los resultados propuestos. Ahora, desarrollar liderazgo como vehículo de expresión del poder personal, es un proceso. Crecer en liderazgo implica un proceso de crecimiento personal, que se relaciona con la formación y el desarrollo del carácter, que se forja desde adentro hacia fuera, desde la claridad de los procesos personales del líder, desde la conciencia de su interioridad.
Hay personas que expresan el poder en forma coercitiva, para controlar, manipular, avasallar y obtener la obediencia de los demás. El poder expresado de esta forma utiliza el temor como instrumento. El poder funcionando de esta forma es un camuflaje para las carencias y necesidades insatisfechas; una tragedia y una senda peligrosa, que destruye la moral de las organizaciones, aniquila el buen clima organizacional, siembra la improductividad en el trabajo y llena a la organización de gente resentida. Pero el liderazgo no es una técnica de manipulación o metodología para mejorar el desempeño. El poder ejercido de esta manera: con manipulación, coerción y engaño, sin el desarrollo de la capacidad para el liderazgo, no reconoce los límites del otro; está viciado, y está desconectado del contacto con la gente y sus necesidades (foco de atención del verdadero líder). El liderazgo, por el contrario, supone la capacidad de ejercer el poder con respeto por lo demás, con responsabilidad, en el marco de unos valores y principios arraigados y comprometidos. El líder es aquel que enfoca su poder al servicio de una causa superior, que es movilizado por un propósito que está más allá de sus metas y necesidades personales.
El poder
ejercido utilizando el liderazgo como vehículo de expresión se expresa bajo la
filosofía de servicio, concediendo honor y respeto al otro. Este es el poder
que apela a los valores y convicciones de los demás. Este poder conduce a una
influencia duradera; y sus resultados son la sinergia y la interdependencia; el
fomento del autocontrol, la autonomía y el trabajo en equipo.
La pregunta
que los líderes latinoamericanos necesitan hacerse hoy es ¿de dónde proviene la
energía (el poder) para obtener lo que desea del ambiente: de afuera o de
adentro de él? El poder puede provenir de afuera, de la investidura legal, de
la jerarquía organizacional, de la posición. Cuando el poder se ejerce en
dependencia o como expresión exclusiva de la jerarquía, el poder está alienado,
divorciado de la conciencia de la vida interior. Por el contrario, cuando la
fuente del poder, proviene de la vida interior del individuo, este es un poder
expresado desde adentro hacia fuera, pleno de presencia o vida interior. Esa es
la diferencia entre los líderes cuyo poder se expresa, al estilo maquiavélico,
como una perversión del verdadero liderazgo, y los líderes con poder por
presencia, vale decir, líderes que expresan su energía libre y plenamente, con
autenticidad, con creatividad, con visión y con sentido de responsabilidad.
Acertadamente lo expresa Manuel Barroso: “Sin vida interior el poder es un arma
mortal”.
Liderazgo y
poder se implican recíprocamente. Liderazgo y poder están intrínsecamente
relacionados. Uno no puede existir sin el otro. El poder es el fundamento de
cualquier forma de liderazgo. Sin poder no hay liderazgo, pero el ejercicio del
liderazgo que tienen como base un poder alienado, es peligroso y destructivo;
es la negación del liderazgo.
Podemos
decir que el liderazgo es el canal a través del cual el poder mejor se expresa.
Cuando el poder se expresa consciente del impacto que éste es capaz de producir
en otros, con verdadera delimitación de los derechos y necesidades propias y de
los demás; cuando el poder se expresa con clara conciencia de su uso, como
consecuencia de tener claridad de la propias necesidades y las de los otros, y
de estar orientado a la satisfacción de éstas, el poder, entonces, fluye como
expresión libre, plena y auténtica de la vida interior del líder, sin fachadas,
ni estereotipos, ni pretensiones ególatras y mezquinas, ni necesidad de
demostrar dominio o someter a otros, ni de ejercer control a ultranza. El
poder, entonces, es energía – combustible – para el liderazgo transformador.
Cuando el
poder se expresa también con genuino compromiso, con sensibilidad y empatía,
con profundo respeto y honra hacia los demás, el uso del poder conlleva a ganar
liderazgo y generar influencia que redunda en el logro de objetivos
compartidos. El poder, entonces, fluye como energía creativa que moviliza, con
enfoque y congruencia, todos los recursos internos (talentos, habilidades,
experiencias, emociones, conocimientos, etc.) para el logro de objetivos
comunes. El liderazgo se convierte de esta manera en un vehículo para la
contribución, el servicio, la acción transformadora, el canal para el aporte a
la satisfacción de las necesidades de los demás y el cumplimiento de los
objetivos organizacionales. El liderazgo visto así, se define como el uso ético
y responsable del poder, que se ejerce con integridad, con respecto al otro y
convicción a los propios valores asumidos como principios de vida. El
liderazgo, entonces, como lo expresa
Warren
Bennis, “es el recto uso del poder”.
Usando el
poder personal para liderar con efectividad en nuestras realidades
latinoamericanas
La realidad
organizacional y laboral latinoamericana actual demanda líderes que ejerzan el
poder con responsabilidad, con modelaje de lo que se le exige a los demás, con
sensibilidad y respeto por la opinión y necesidades del otro, mostrándose con
apertura a la comunicación y el dialogo, con conciencia de cómo está ejerciendo
el poder en un contexto cada vez más cambiante y conflictivo. Vestido el poder
con la armadura del liderazgo. Ya no es suficiente con apelar a la normas de la
empresa para dirigir a los trabajadores, con hacer referencia a la estructura
de poder conferida por la organización. Por el contrario, se requiere de
verdadero liderazgo, pleno de poder personal como energía orientada al logro de
los objetivos.
El esquema
del mandamás no basta para lograr que los trabajadores desarrollen compromiso,
lealtad e identificación con el trabajo y la organización. El esquema del
tradicional líder / gerente burócrata tampoco funciona. Hoy el líder necesita
desarrollar la capacidad para expresar y canalizar eficazmente su poder a
través del ejercicio del liderazgo, lo cual implica la capacidad de facilitar y
coadyuvar el proceso de empoderamiento de la organización, a través del
desarrollo de un liderazgo compartido, que promueva la participación de otros
actores de la misma en la toma de decisiones y la resolución de problemas; y
que propicie el fortalecimiento de una cultura que estimule y promueva valores
como la participación constructiva, la conciliación de intereses comunes y la
orientación a los resultados; y donde la ética, la congruencia, el respeto al
otro, la responsabilidad, la contribución y el servicio sean modelados,
reconocidos y recompensados.
Referencias Bibliograficas
- Warren Bennis, Lideres, 1989
- Blaine Lee, El principio del poder, 1997
- H.B. Karp, Guía para el Líder del Cambio, 1996
- John Adair, Líderes, No Jefes, 1990
- Manuel Barroso, Autoestima: Ecología o Catástrofe, 1987
- Manuel Barroso, Meditaciones Gerenciales, 2005
- Joseph Quigley, Liderazgo en Acción – Visión, 1997
COMENTARIO:
Lcdo. Héctor Daniel Gil
Los
líderes al ser los guías de la toma de decisiones o de propuestas ejercen
influencia sobre las personas, es decir tienen poder sobre las personas o los
recursos administrados. Este poder debe ser dirigido para obtener beneficios de
la organización, y debe tener influencia positiva en las personas para que el
resultado sea eficaz, duradero y control del trabajo en equipo. El liderazgo
requiere entonces algunas características, no solo de la cultura de la
organización implica también los valores personales que debe poseer el líder
además tener la capacidad de reinventarse a sí mismo.
El poder de liderazgo se logra
cuando el líder expresa con claridad las metas a lograr de la organización y
que el éxito de la misma será beneficiosa para todos los miembros de la misma.
De ahí que el poder debe ser genuino y con compromiso hacia la organización
respetando las necesidades de los involucrados, de esta manera el poder se
convierte en liderazgo de acción transformadora dándole dinamismo a la
organización. En referencia a la idea planteada, se puede decir que las
organizaciones están en demanda de líderes que ejerzan el poder con
responsabilidad, respeto y compromiso hacia todos los recursos humanos y
materiales, con apertura al dialogo e integrar todos los aportes de los
miembros de la organización.
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