1. Introducción
La participación es una dimensión fundamental de la democracia; aun
cuando no es la única, es la que sienta las bases para tomar y ser parte en la
comunidad; tal como lo argumenta Redondo (2009:51) "no hay comunidad sin
participación; es justamente la participación la que la hace posible", por
consiguiente, no hay democracia sin participación, pues esta es una condición
medular para reconocerla en toda su extensión.
Al ser la escuela una comunidad, la participación está consustanciada con el
quehacer educativo, por lo cual ha de estar gestionada democráticamente, pues
de ese modo se promueve una educación para la ciudadanía. Pero como la
escuela no es la única involucrada, también el directivo juega un rol determinante
en la creación de actitudes y valores democráticos en los términos de una
educación universal, compensatoria de desigualdades.
Lo expresado, sitúa al director escolar en una dinámica diferente desde la
perspectiva de la participación para encauzar el rumbo de la institución educativa,
teniendo como plataforma sus necesidades propias; además es fundamental
considerar el contexto donde se ubica para concertar con la comunidad tanto
objetivos como acciones que permitan alcanzar los logros esperados para mejorar
los procesos de aprendizaje y así obtener óptimos resultados. Según Gairin (2006:
88), la escuela es “el espacio donde se alberga una organización social creada
para promover el cambio educativo, con una participación determinante en el
desarrollo cultural, político y económico de toda sociedad”; por lo tanto, extiende
sus competencias más allá de su espacio de acción institucional, a la vez se
involucra en los proyectos educativos para promocionar cambios que deriven en el
desarrollo integral de la sociedad.
En esa perspectiva, el director escolar ha de asumir un liderazgo orientado
hacia la participación e identificado con el desarrollo endógeno, tomado como
política educativa para el desarrollo de la educación y de un trabajo liberador, cuyo
fin sea armonizar cuerpo-espíritu-mente para la formación integral de los
estudiantes. En tal caso, el liderazgo contribuye a que el director, además de su
función gerencial, ejerza el rol de activista social, para lo cual es inexorable
conocer la comunidad en sus orígenes, historia, acervo cultural; luego, programar
sus necesidades en función del contexto de una organización comunal activa,
tanto participativa como protagónica, centro de la educación democrática.
Al respecto, para Carriego (2005), las posibilidades del director de la escuela
para concretar proyectos pueden depender de cómo se relacione con su entorno y
de cuál sea la imagen que se ha construido en la comunidad, para lo cual es
necesario concienciarse sobre quienes tienen la responsabilidad de la
construcción de una escuela de calidad, no son solo los actores escolares, sino
también la comunidad demandante. Esta a su vez, tiene una responsabilidad en el proceso de construcción de su legitimidad, de la asignación del poder, además de
buscar los recursos necesarios para ejercer óptimamente su función.
El liderazgo del director en la comunidad es indispensable para la
autogestión escolar, pues está implícito en ella, un proceso mediante el cual se
desarrolla la capacidad individual o de un grupo para identificar necesidades
básicas e intereses. Es una herramienta eficaz que exalta la utilización de los
mejores valores tanto individuales como grupales, situándolos en mejor posición
para enfrentar y resolver sus problemas comunes, donde la auto organización
socio comunitaria toma en sus propias manos la tarea de forjarse una mejor
calidad de vida.
El liderazgo del director es fundamental para la promoción de ese medio en
beneficio de la excelencia escolar denominado autogestión, por cuanto ésta se
realiza a partir de la actuación comunitaria, donde intervienen un conjunto de
actores escolares y comunitarios, además de los directores, quienes lideran
cualquier iniciativa relacionada con el desarrollo de un trabajo facilitador de la
relación comunidad – escuela.
La autogestión amerita de la escuela su apertura hacia la comunidad, a la
sociedad, asumiéndose como motor del desarrollo local, por lo cual entre ambas,
desarrollan una relación multidimensional y compleja. Para ello, el director, como
líder de los cambios generados en su institución, trabaja en conjunto con los
demás actores educativos para intervenir y actuar en el diagnóstico, como también
para el aporte de alternativas de solución a los problemas comunes.
Para Carriego (2005), la autogestión busca superar las estructuras
estereotipadas propias de algunos sistemas que dependen de otros en su gestión,
asumidas por las escuelas como condición sin la cual ésta no funciona. Al
considerar al Estado como único responsable de financiar todos los gastos de las
escuelas, se limita el papel de la comunidad de poder ayudar de manera
mancomunada a la solución de problemas causados por la carencia de recursos.
De ese modo, participación, autogestión y liderazgo confluyen en la gestión
socio comunitaria del director, pues ésta según Giroux (2004:11)
... se apoya en la valoración de las identidades personales y sociales, en las
relaciones de autonomía e igualdad, en la capacidad crítica más la
corresponsabilidad”, a partir de cuyos principios la escuela se “reorganiza para
la redistribución de funciones y tareas como espacio de formación de ciudadanía
democrática.
El director como líder, ha de poseer una conciencia social propicia para
identificarse con las necesidades del entorno escolar y promover la participación,
asimismo, comprometerse en su transformación.
2. Problematización
Asumir la dirección escolar en Venezuela exige no quedarse en el discurso
educativo, por cuanto el compromiso ha de traducirse en una práctica gerencial
abierta, reflexiva, constructiva. Igualmente, en una relación amplia con la
comunidad, signada por la participación auténtica en un cambio efectivo del
sistema escolar, sus concepciones, procedimientos y estilos, acordes con el
propósito de construir una nueva ciudadanía.
Sin embargo, según estudios realizados por Pérez (2005, 2011), en las
instituciones educativas se observan algunos eventos donde se percibe escaso
interés del director para impulsar la labor socio comunitaria: baja promoción del
trabajo en equipo, se ofrecen pocos espacios para la participación ciudadana,
además de carencia de comunicación y diálogo para tratar los asuntos de interés
institucional y comunitario. Tampoco, el director manifiesta su disposición a
promover la autogestión, aun cuando esta es esencial en aquellas comunidades
donde existen diversas necesidades, cuya satisfacción puede realizarse a partir de
la colaboración de sus propios integrantes en conjunto con la escuela.
Según ambos estudios, al consultarse con algunos actores comunitarios, se
señalaron dificultades de relación entre los miembros de la comunidad educativa o
incluso conflictos con la dirección, por su negativa a asumir compromisos para la
gestión de proyectos junto con los recursos necesarios para mejorar el ambiente
institucional. Estas mismas dificultades se presentan para encontrar un equipo de
trabajo plural que verdaderamente represente la realidad de la comunidad
educativa desde la óptica de la participación, el liderazgo y la autogestión.
Todas estas vivencias impactaron en la investigadora, que como docente
manifiesta su interés en todo lo concerniente al funcionamiento institucional desde
la óptica del director escolar, en definitiva, quien deberá partir de una visión global
e integradora de la escuela para consolidar una gestión proyectada hacia la
comunidad.
3. Objetivo del estudio
Analizar la participación, autogestión y liderazgo como la triada sustantiva de
la gestión socio comunitaria del director escolar.
4. Metodología
En este estudio se analizó la participación, la autogestión y el liderazgo como
una triada que sustenta la gestión socio-comunitaria del director, desde la
perspectiva de un análisis documental sobre la literatura existente, así como la
consulta de trabajos de investigación realizados a este respecto, a los cuales la investigadora ha tenido acceso como tutora, jurado evaluador, investigadora o coinvestigadora
lo largo de su ejercicio profesional.
El análisis documental, según García (2002:37), “es la operación que
consiste en seleccionar las ideas relevantes de un documento que puede tomar
forma de un sumario, un índice alfabético de materia o códigos”. Analizar, por
tanto, es derivar de un documento el conjunto de palabras y símbolos que le sirvan
de representación.
En ese orden de ideas, la fuente principal de datos estuvo constituida por la
documentación escrita, las cuales fueron seleccionadas de acuerdo a su
pertinencia y propósito de este trabajo. Debido a que el estudio se sustenta en
esquemas teóricos, hubo la necesidad de reflexionar sobre la compilación, la
organización y sistematización de la información, para hacer explícito el contenido.
A los fines de este estudio, se verificó cada una de las fuentes utilizadas y
con la ayuda de los instrumentos tales como: los resúmenes, las fichas, la
computadora, se recopiló la información que le da cuerpo a la investigación, la
cual se realizó en las siguientes fases sugeridas por Balestrini (2001), a saber:
Primera: Se realizó un compendio de toda la información relacionada
con el tema, a través de un arqueo de información documental en libros
y en documentos electrónicos, además de trabajos de investigación
relacionados con la temática.
Segunda: consistió en la lectura selectiva y rápida, cuidando que el
documento seleccionado tratase el tópico con el nivel de profundidad
requerido y pertinente.
Tercera: se recogió la información mediante fichas de resumen,
textuales y digitales. De igual manera se hizo la digitalización de aquella
información considerada clave para el logro del objetivo plateado con el
fin de facilitar su recuperación y edición.
Cuarta: se ordenaron las fichas, además de los archivos de información,
clasificándolas de acuerdo a su naturaleza y utilidad.
Quinta: se verificó si la información recopilada era suficiente y confiable
para abordar la participación, autogestión y liderazgo como la triada
sustantiva de la gestión socio comunitaria del director escolar.
5. Referentes teóricos
A continuación se presentan los referentes teóricos sobre participación,
autogestión y liderazgo, como aspectos sustantivos de la gestión sociocomunitaria
del director escolar.
5.1 Participación
El hecho de ser protagonista del proceso formativo exige a los directores
ubicarse en la escuela y desempeñar activamente las funciones centrales del
mismo, a la vez de conducirles a promover formas variadas de participación, pues
constituye uno de los ejes articuladores de las prácticas sociales en la escuela,
promueve y garantiza el desarrollo de la integración con la comunidad, en un
ambiente democrático.
Se entiende por participación, la posibilidad efectiva de intervención y
ejecución en la toma de decisiones y que Gento Palacios (citado en Molina, 2002:
131) define como: "la intervención de individuos o grupos de personas en la
discusión y toma de decisiones que les afectan para la consecución de objetivos
comunes, compartiendo para ello métodos de trabajo específicos". Dirección
escolar y estilo directivo son pilares en el ejercicio de la participación, por ello se
aboga por una formación y actuación directiva que brinde oportunidades para la
participación eficaz.
La creación de una cultura participativa va a ser determinante en los
procesos de participación, unido, por supuesto, a los intereses comunes del grupo,
objetivos planteados, proyecto común y contexto socio-histórico de actuación. Si la
dirección escolar se redimensiona para dar paso a una administración y
organización escolar con estructuras flexibles, permite armonizar la participación
de los diferentes actores escolares para configurar proyectos específicos
contextualizados.
Una cultura de no participación, según Posada (2004:15), “genera poca
trayectoria organizativa, experiencias negativas anteriores, condiciones
económicas y sociales difíciles y condiciones políticas como la violencia, son
razones fuertes para obstaculizar la participación”. Sin embargo, para el citado
autor, es necesario señalar algunos obstáculos directamente relacionados con la
cuestión pedagógica:
Primeramente, una estructura jerárquica de la institución escolar, con
diferenciaciones bastante amplias entre los niveles de decisión y las funciones
inherentes. En segundo, los contenidos de la educación escolar, pues sólo se
presenta una de las formas de los saberes existentes en la sociedad; esta
selección de contenidos se apoya en una visión de la ciencia, presentada como la
única forma legítima de verdad.
Seguidamente, añade Posada (ob. cit), los métodos de enseñanza
fundamentados en la supuesta diferencia entre quienes no saben y los que saben,
en cuya práctica predomina la memorización repetitiva en vez de la creatividad y la
autonomía del pensamiento, encaminando a los estudiantes a emular actitudes
pasivas. Asimismo, el conjunto de relaciones autoritarias expresadas tanto en las
relaciones interpersonales, como en un autoritarismo arraigado históricamente en
la sociedad.
Para poder hacer participación se amerita de una estructura educativa
democratizada en un todo, empezando por los contenidos confrontados con otras
formas de saber para la generación de saberes nuevos. Se necesitará
implementar métodos de enseñanza participativos, con base en el diálogo de
saberes y será necesario asimismo contribuir a revertir el autoritarismo, el
burocratismo y las relaciones jerárquicas.
En ese orden de ideas, la escuela abierta a la participación de los
ciudadanos no sólo educa a sus estudiantes, sino que se interesa en ayudar a
crear comunidad y contribuir a la educación ciudadana, como también, ser un
agente institucional fundamental del proceso de organización de la sociedad civil.
En ello, se enfatiza la participación activa de las personas, se aprovecha su
experiencia y subjetividad para resolver problemas administrativos importantes,
así como también se procura involucrar realmente a los subordinados en los
procesos de decisión importantes en la organización, no sólo en problemas o
intereses particulares. Para Escamilla (2006), dirección escolar y estilo directivo
son pilares en el ejercicio de la participación como base de la autogestión; por ello
se aboga por una formación y actuación directiva que brinde oportunidades para la
participación eficaz.
5.2 Autogestión
A mayor participación, más altos son índices de autonomía, proceso cuyas
bases se sientan en el principio de descentralización, cuya finalidad es decidir y
ejecutar actuaciones relacionadas con la escuela. En la medida que los
integrantes de la organización formen parte y el directivo promueva, garantice la
pluralidad y el consenso sustantivo de las bases del autogobierno escolar, en esa
misma medida se está frente a la llamada autonomía escolar o autogestión, forma
de gestión institucional concebida como vía para fortalecer a la escuela como
organización que construye, decide e innova; al mismo tiempo, crece al ritmo de
las necesidades de sus miembros como de su propio entorno.
La autogestión, según Carriego (2005), se fundamenta en sistemas de
reglas o instituciones que funcionan tanto a nivel intra-escolar como a nivel extraescolar,
se apoya en la valoración de las identidades personales y sociales, en las
relaciones de autonomía e igualdad, en la capacidad crítica y en la corresponsabilidad. A partir de estos principios, la escuela se reorganiza para la
redistribución de funciones y tareas como espacio de formación de ciudadanía
democrática, lo cual garantiza en todos los actores escolares y comunitarios, una
instancia de referencia donde participan activamente en corresponsabilidad.
Entre los propósitos que se pueden alcanzar por la autogestión desde las
escuelas, de acuerdo a Porfirio y Codutti (2008:8), se señalan:
a) Se propicia la inclusión de valores de pertenencia y autosustentabilidad
entre los miembros de la escuela y la comunidad.
b) Se favorece en los miembros de la comunidad y la escuela (en las
distintas funciones que desempeña cada quien) un cambio de actitud
hacia nuevas alternativas de autogestión.
c) Se favorece la autonomía institucional, así como la construcción de la
identidad con la participación de los actores institucionales.
Para alcanzar tales propósitos, es importante que los integrantes de la
comunidad se organicen en equipos de trabajo para la realización de los proyectos
comunitarios. Con ese fin se requiere la profundización de la estrategia en equipo
desde la lógica participativa de construcción colectiva de conocimiento, siempre
precedida de la técnica del trabajo individual, para lo cual se elaboran instructivos
breves como referente
En fin, un proceso de autogestión tal como lo plantea el Ministerio del Poder
Popular para la Educación (2008: 7) es:
... un proceso continuo y sistémico de construcción colectiva; en el cual
participan y se involucran, todas las personas que interactúan y hacen vida en la
escuela, tales como: los miembros de la Comunidad Educativa (directivos,
docentes, estudiantes, administrativos, obreros, miembros del Consejo
Comunal) para determinar los fines de la escuela y su concreción pedagógica,
sobre la base del análisis de los documentos legales que orientan las políticas
educativas.
Por consiguiente, la autogestión promovida por el directivo escolar, es una
gestión propia de un sector social, ocurrida como consecuencia de transformar la
espiral descendente de la pobreza en espirales ascendentes de desarrollo. Es el
canal mediante el cual el potencial infinito inherente del ser humano se encauza
hacia el logro de una vida digna de acuerdo a sus propios objetivos, metas y con
el apoyo solidario de sus semejantes.
5.3 Liderazgo
Para el correcto desarrollo del proceso educativo en la escuela, se requiere
de un liderazgo en el director escolar, capaz de lograr armonía, coordinación y
estabilidad en las relaciones y acciones de los elementos integrantes de la
comunidad escolar. En ese sentido, Prieto (1990: 90) define al líder como “la
persona reconocida por todos como la persona más eficiente para ejercer
influencia en los demás individuos de una comunidad”. No todos quienes ocupan
cargos directivos son líderes, pero lo deseable es que toda persona ocupante de
un puesto directivo en una organización sea un líder.
Está aptitud se distingue en cualquier jefe, por cuanto los subordinados
reconocen en él no sólo la autoridad emanada de su puesto, sino la derivada de
sus conocimientos, experiencias, habilidades y cualidades, para así inspirar
confianza, respeto y lealtad suficiente para conducir y guiar a sus seguidores hacia
el logro de las metas de la institución.
Para Molina (2002: 59), el liderazgo del directivo escolar “supone la
existencia de un carisma individual, pero también capacidad de dinamizar y
estimular cambios y actuaciones colectivas e individuales en función de las
necesidades”. Por consiguiente, el directivo escolar no tiene otra alternativa mejor
que la de responder a la dinámica de la sociedad actual liderando acciones tanto
dentro como fuera de la escuela.
El liderazgo crea ciertas condiciones donde todos los miembros de la
organización puedan dar lo mejor de sí mismos en un clima de compromiso y
desafío, en tanto, la dirección permite que una organización funcione. En sí, el
liderazgo ayuda a su buen funcionamiento, como también responde a las
necesidades e intereses de la organización, a los objetivos promotores del cambio
e innovación para la mejora del proceso educacional.
Hoy día, expresan Duschatzky y Birgin (2001), al líder se le define “como
sujeto de transformación unido a la idea de exitoso; sustituye al paladín de
valores, caballero medieval, al burgués de la revolución industrial y al obrero de la
tradición socialista”. Ese líder no tiene valor por sí mismo, sino mediante su
gestión o actuación en un contexto determinado como ductor, lo cual constriñe
ejecutar diversas actividades orientadas al alcance de los objetivos institucionales.
Lo que se quiere significar con lo anterior es que cada época supone un
liderazgo acorde tanto con las necesidades del contexto como con los
requerimientos de la organización. Entonces, las capacidades de un director se
plantean en función de la escuela y las características de su liderazgo están a
disposición de ésta para el alcance de la democrática, orientada a la lectura de la
realidad, centrada en el cumplimiento de logros pedagógicos además de la
promoción de vínculos solidarios entre actores extra e intra-escolares.
Por su parte, Pozner (2000:9) concibe este liderazgo como “el conjunto de
procesos que orientan a las personas y a los equipos en una determinada
dirección hacia el logro de la excelencia y el aprendizaje organizacional,
primordialmente por medios no coercitivos”. Por consiguiente, se vincula con la
capacidad de generar procesos de sensibilización y convocatoria a trabajar en
colaboración con otros, en el logro de los fines y los valores generalmente ocultos
en la cotidianidad de la escuela.
Bajo esas circunstancias, el liderazgo del director, según Murillo (2006),
promueve el desempeño de manera constructiva hacia la comunidad mediante la
ejecución de proyectos que se convierten en procesos de gestión participativa,
donde los directivos forman parte de un equipo que se informa. Al mismo tiempo,
se forma para tomar decisiones acerca de su gestión respecto de la interacción de
la escuela.
Dicho trabajo significa un sentimiento de compartir responsabilidades con los
diferentes miembros de la comunidad, identificarse con el propio proceso y con
sus fines. También, la solidaridad, el sentido de pertenencia al igualar a los sujetos
en su acción, cuando éstos participan o comparten un conjunto de valores,
responsabilidades y objetivos de un mismo proyecto. A la vez, el directivo como
ser social, se encuentra insertado en una realidad dinámica y compleja donde
aprende. Su actuación es determinante en los cambios que en ella se operan,
para que mutuamente, director-docente- estudiante-sociedad, puedan disfrutar de
una vida mejor.
5.4 Gestión socio comunitaria del director escolar
La escuela, como realidad social abierta al entorno, sintetiza influencias y
obliga al director escolar a proyectarse hacia una estrecha vinculación escuelacomunidad,
lo cual le exige inventar, transformar e innovar situaciones propias
para el desarrollo de una imaginación creadora; además, redescubrir valores,
contribuir a iniciar el rescate de una autentica idiosincrasia, como también, liderar
la autogestión en beneficio de lograr la excelencia institucional. Todo ello
pensando en la construcción de la escuela democrática del pueblo y para el
pueblo.
En atención a lo planteado por Pozner (2000), la gestión socio- comunitaria
puede entenderse como el conjunto de acciones, articuladas entre sí, que
emprende el equipo directivo en una escuela para promover y posibilitar la
consecución de la intencionalidad pedagógica en y con la comunidad educativa.
La referida autora plantea, aparte de la ejecución de reglamentaciones, que la
gestión escolar debe preocuparse también por la calidad y cantidad de los
aprendizajes producidos en la institución educativa.
En ese orden de ideas, la gestión socio comunitaria es la acción de
conducción que impulsa a los directores escolares a convertirse en verdaderos
promotores del cambio social, estableciendo mayores retos con la comunidad y
principalmente comprende una actuación integrada al colectivo, lo cual afectará,
de una manera o de otra, al avance progresivo aunque sea en parte hacia
mayores niveles de convivencia. El objetivo de dicha gestión es fomentar una
relación de cooperación para evitar los frecuentes enfrentamientos derivados de
una relación jerárquica.
La gestión socio-comunitaria implica tomar una serie de medidas: el
compromiso del grupo con los objetivos, un trato justo a éstos, oportunidades,
libertad para desarrollar la gestión, toma de decisiones que involucre a todos los
miembros. Ello va a permitir la participación activa de los involucrados, por lo cual
se requiere la creación de grupos de reflexión para solucionar los distintos
problemas en forma consensuada, tal como se espera en una escuela
democrática.
7. Conclusiones y recomendaciones
En el momento actual educativo venezolano, se plantean situaciones donde
se compromete directamente a la gestión socio comunitaria del director escolar,
atribuyéndoseles funciones novedosas, tales como: elaborar diagnósticos,
promover debates, además de tomar decisiones en equipo junto con la
comunidad con el fin de adoptar el principio de corresponsabilidad.
Por consiguiente, el director no tiene mejor alternativa que la de responder a
la dinámica de la sociedad actual mediante el incentivo de la participación, la
promoción de la autogestión y el ejercicio de un liderazgo para formar parte
constructiva del entorno donde se trabaja, compartir, aprender de y con sus
colegas, relacionarse con las familia así como con otros miembros de la
comunidad.
El no asumir la gestión socio-comunitaria desde una visión sistémica, obsta
para el logro de una escuela democrática, con calidad educativa, que responda a
los intereses de la comunidad. Asimismo se limitan las posibilidades de propiciar la
incorporación consciente y solidaria de todos los actores escolares para la
búsqueda de alternativas de solución a problemas comunitarios.
Para ello es fundamental establecer espacios para la cultura de la
participación, en razón de lo cual la estructura educativa ha de ser democratizada
a fondo. La escuela abierta a la participación de los ciudadanos, además de
educar a quienes están en la escuela, crea comunidad contribuyendo a la
educación ciudadana.
También, el director debe incrementar los espacios de participación
comunitaria en las actividades ejecutadas en la escuela donde sea participe, autor
y ejecutor de acciones encaminadas al impulso de la autogestión de la comunidad.
Es importante para el director, conocer la comunidad, lo cual se posibilita con
el análisis reflexivo sobre el quehacer pedagógico, abordar las situaciones escolares para luego convertirlas en objeto de comprensión, reflexión, observación
y planeación.
La gestión comunitaria del director escolar amerita de la triada compuesta
por el liderazgo, la autogestión y la participación, apoyada en una acción reflexiva
y crítica en el análisis de la realidad inmediata. La participación es una dimensión
fundamental de dicha gestión cuando se alude a la escuela democrática, al ser
esencia de la comunidad, en virtud de lo cual, el director es quien debe promover
el acuerdo de voluntades para el logro de objetivos comunes mediante la
participación.
El liderazgo de los directores escolares se manifiesta en la capacidad para
implicar a la comunidad en un proyecto de futuro que responda a los procesos
claves de la escuela, del entorno, proporcione el incentivo y la ilusión necesaria
para trabajar hacia el logro de metas comunes. Esto es esencial en aquellas
comunidades donde existen diversas necesidades, cuya satisfacción puede
realizarse a partir de la colaboración de sus propios integrantes en conjunto con la
escuela, lo cual se identifica con la autogestión.
Comentario del artículo
El director como gerente debe apoyar la participación,
cooperación y la integración de la escuela con la comunidad educativa, la cual
está concebida como una organización
primordial en el proceso formativo, al sumar a todos los sectores e instituciones
de índole social que se identifican con la comunidad. Esto implica que la escuela debe integrarse a los
programas de desarrollo de la comunidad, y a la vez actuar como centro de
promoción de la misma.
El director debe
dirigir, y orientar la autogestión de la
institución, por eso juega un papel importante en la vida escolar ante cualquier cambio que se genere en dicha institución.
Por ello, el líder tiene el compromiso de impulsar la reflexión y la
colaboración de los integrantes de la escuela, para diagnosticar las
necesidades del entorno escolar, propiciando el trabajo en equipo y promover la
participación, asimismo, comprometerse en su transformación
Asimismo, dirección
escolar y estilo directivo son pilares en el ejercicio de la participación como
base de la autogestión; por ello se aboga por una formación y actuación
directiva que brinde oportunidades para la participación eficaz. Para alcanzar
tales propósitos, es importante que los integrantes de la comunidad se
organicen en equipos de trabajo para la realización de los proyectos comunitarios.
El director
debe incrementar los espacios de participación
comunitaria en las actividades ejecutadas en la escuela donde sea
partícipe, autor y ejecutor de acciones
encaminadas al impulso de la autogestión de la comunidad.
ResponderEliminarEl director como gerente debe apoyar la participación, cooperación y la integración de la escuela con la comunidad educativa, la cual está concebida como una organización primordial en el proceso formativo, al sumar a todos los sectores e instituciones de índole social que se identifican con la comunidad. Esto implica que la escuela debe integrarse a los programas de desarrollo de la comunidad, y a la vez actuar como centro de promoción de la misma.
El director debe dirigir, y orientar la autogestión de la institución, por eso juega un papel importante en la vida escolar ante cualquier cambio que se genere en dicha institución. Por ello, el líder tiene el compromiso de impulsar la reflexión y la colaboración de los integrantes de la escuela, para diagnosticar las necesidades del entorno escolar, propiciando el trabajo en equipo y promover la participación, asimismo, comprometerse en su transformación
Asimismo, dirección escolar y estilo directivo son pilares en el ejercicio de la participación como base de la autogestión; por ello se aboga por una formación y actuación directiva que brinde oportunidades para la participación eficaz. Para alcanzar tales propósitos, es importante que los integrantes de la comunidad se organicen en equipos de trabajo para la realización de los proyectos comunitarios. El director debe incrementar los espacios de participación comunitaria en las actividades ejecutadas en la escuela donde sea partícipe, autor y ejecutor de acciones encaminadas al impulso de la autogestión de la comunidad.
El director como gerente debe apoyar la participación, cooperación y la integración de la escuela con la comunidad educativa, la cual está concebida como una organización primordial en el proceso formativo, al sumar a todos los sectores e instituciones de índole social que se identifican con la comunidad. Esto implica que la escuela debe integrarse a los programas de desarrollo de la comunidad, y a la vez actuar como centro de promoción de la misma.
ResponderEliminarEl director debe dirigir, y orientar la autogestión de la institución, por eso juega un papel importante en la vida escolar ante cualquier cambio que se genere en dicha institución. Por ello, el líder tiene el compromiso de impulsar la reflexión y la colaboración de los integrantes de la escuela, para diagnosticar las necesidades del entorno escolar, propiciando el trabajo en equipo y promover la participación, asimismo, comprometerse en su transformación
Asimismo, dirección escolar y estilo directivo son pilares en el ejercicio de la participación como base de la autogestión; por ello se aboga por una formación y actuación directiva que brinde oportunidades para la participación eficaz. Para alcanzar tales propósitos, es importante que los integrantes de la comunidad se organicen en equipos de trabajo para la realización de los proyectos comunitarios. El director debe incrementar los espacios de participación comunitaria en las actividades ejecutadas en la escuela donde sea partícipe, autor y ejecutor de acciones encaminadas al impulso de la autogestión de la comunidad.