Rodríguez, Rudys
1. Una mirada a la teoría
gerencial
Al hablar de gerencia se
está hablando de la praxis gerencial referida al arte de pensar en la
organización, su dotación y el efectivo funcionamiento de las instituciones,
atendiendo a un conjunto de principios gerenciales. A tal efecto Heifetx
(1997), considera que el gerente debe atender a sus subordinados de una manera
directa, por lo que como jefe tiene la obligación de conocer muy bien a todos
sus subalternos y ser capaz de felicitarlos cuando realicen un buen trabajo; en
consecuencia, hay un consenso para definir la gerencia como la herramienta
sustantiva de la transformación social.
Asimismo, la gerencia
constituye un factor clave para la productividad de las organizaciones; su
gestión es determinante para que se produzcan resultados positivos al
administrar eficientemente una serie de recursos, de los cuales el más
importante lo constituye el recurso humano, ya que es por medio de la labor que
desempeñan los grupos de trabajo, como se logran los objetivos y se obtienen
resultados. Esto significa que la gerencia educativa debe perfilarse con una
orientación hacia el cambio, que vincule el trabajo con el conocimiento de los
problemas que se presentan en las organizaciones, y de esta manera constituir
las bases institucionales a efectos de producir rendimiento en el trabajo que
se realiza.
Al respecto, Adair (1994)
señala que el gerente es la persona que tiene entre sus cualidades el
conocimiento y la habilidad apropiada para conducir a un grupo hacia el
cumplimiento de sus metas, conformando un equipo a través de instrucciones,
donde se controle, evalúe y se fomente la toma de decisiones, se propicie la
participación se utilice un sentido creativo de acuerdo a la situación, al
mismo tiempo que debe hacer un uso adecuado y eficiente de todos los recursos.
Por el hecho de que toda
estructura social está integrada por una comunidad de seres humanos, a través
de la gerencia se logrará la verdadera actuación y cohesión de las personas en
cuanto a sus acciones; en otras palabras, el rol del gerente organizacional se
encuentra inmerso en la responsabilidad y atribución de tomar decisiones,
guiar, informar y permitir la participación de todos y cada uno de los
involucrados en el proceso social.
Esta opinión es compartida
por Moody (2000), al afirmar que el gerente es la persona clave en el proceso
de propiciar la integración, de guiar la toma de decisiones a través de
opciones y, lo más importante, la conservación del grupo, debiendo ser cordial
para mantener las relaciones interpersonales, detectar los ánimos del personal
para orientarlos, y fijar las normas de conducta para el grupo y así mantener
la disciplina.
Por consiguiente, los
gerentes son los que tienen confianza en sus subordinados y mantienen una
relación de lealtad mutua; son aquellos cuya toma de decisiones está altamente
descentralizada y cuyas comunicaciones son ascendentes, descendentes y
colaterales, en donde lo principal es el compartir con los empleados las
responsabilidades y el sistema decisional, para que la participación sea
efectiva en un escenario donde esté presente la creatividad.
Respecto a lo planteado,
Bittel (1996) señala que el gerente debe considerar lo siguiente:
Confianza recíproca con
los trabajadores.
Los resultados finales son
aportes de los involucrados en el proceso, por lo tanto deben estar conscientes
de los hechos.
Debido a que el proceso de
integración es lento, posibilita el éxito con larga proyección en el tiempo; es
decir, se debe proporcionar el tiempo suficiente para que todos se integren.
De allí que sea de suma
importancia el conocimiento y preparación de cada gerente acerca de lo que
significa gerenciar, pues la gerencia es un proceso social, estructural,
objetivo y subjetivo que a la vez representa un factor integrador y
multiplicador de los recursos humanos, materiales, presupuestarios, físicos y
ambientales, de tal manera que a través de ellos, pueda lograr la eficiencia
organizativa.
Al referirse a la
administración, Knezevich (1999) la consideró como uno de los fenómenos del
siglo XX y XXI, al plantear que el manejo y dominio de las organizaciones
dependen en gran medida del talento gerencial. En tal sentido, el gerente
deberá fijar nuevas direcciones, definir objetivos y replantear prioridades.
En atención al criterio del
citado autor, se puede considerar al gerente como la persona que estructura
todo el proceso con el objetivo de desarrollar la organización a través del
trabajo en conjunto y, de esta manera, orientar el cambio convirtiéndose en un
visionario que enfoca su mayor atención al recurso humano, articulando sus
acciones con la realidad organizacional.
Del mismo modo, Ruiz (1997)
define la gerencia, como el proceso que se inicia con la formulación de una
idea, organización y empleo de recursos para lograr los objetivos
correspondientes, con la máxima eficiencia en sus operaciones al llevar a cabo
eficientemente las misiones que se asignan, sin perder de vista la relación que
existe entre el proceso y el desarrollo de las funciones administrativas de
planificación, organización, dirección y control, a objeto de utilizar sus
recursos físicos y financieros para alcanzar objetivos, comúnmente relacionados
con beneficios económicos.
Esto da a entender que el
cumplimiento de las funciones gerenciales es prioritaria para fortalecer la
calidad del servicio en las diferentes instituciones en las cuales se
desempeña, en concordancia con las situaciones que a diario se presentan y tomando
en cuenta que la gerencia viabiliza la efectividad social, la eficiencia y la
eficacia en la organización.
En este contexto se menciona
a Drucker (1999), quien señala que la gerencia "es el proceso de trabajar
con y a través de otras personas y grupos para alcanzar metas
organizacionales" (p. 30); por esta razón, las funciones de planificación,
organización, dirección, control y evaluación, son consideradas básicas en la
gerencia moderna. Independientemente del grupo, organización o nivel gerencial
en el cual se está trabajando, estas funciones son relevantes y se definen de
la siguiente forma:
Planificación: es el proceso
consciente de seleccionar y desarrollar el mejor curso de acción para alcanzar
el objetivo. Además es considerada como “el desarrollo sistemático de programas
de acción encaminados a alcanzar los objetivos organizacionales convenidos
mediante el proceso de analizar, evaluar y seleccionar entre las oportunidades
que hayan sido previstas” (Ducker; ob. cit: 35).
Se puede inferir que la
planificación es el primer paso que debe dar el gerente en su función gerencial
para establecer una línea de acción a los contenidos que va a desarrollar, y al
mismo tiempo estimular el logro de los objetivos propuestos, aportando el toque
creativo.
Por consiguiente, la
planificación es una actividad conducente a plantear un escenario futuro como
meta y a partir de ésta, establecer acciones que serán emprendidas para
alcanzar los objetivos; es decir, prever, concebir y formular lo relacionado a
los planes; de allí que sea una reflexión y un análisis de la proyección
futura.
Organización: Es el proceso
de determinar y establecer la estructura, los procedimientos y los recursos
necesarios y apropiados para desarrollar el curso de acción seleccionado. En este
mismo orden de ideas, Alvarado (2004) señala que la organización depende de la
iniciativa del gerente, de su creatividad, de su capacidad para separarse del
grupo sin estar lejos de él, de su habilidad para visualizar nuevas direcciones
y hacer que las cosas sucedan, y de su pericia para guiar y orientar a sus
seguidores.
Por otro lado, Escobar
(1999) cita a Terry y Franklin, quienes definen la organización como:
La función que implica
establecer relaciones efectivas de comportamiento entre las personas de manera
que puedan trabajar juntas con eficiencia y puedan obtener una satisfacción
personal al hacer tareas seleccionadas bajo condiciones ambientales dadas para
el propósito de alcanzar alguna meta u objetivo” (p. 45).
De la cita anterior se
deduce que la organización, como proceso gerencial, ofrece al gerente la
posibilidad de organizar los conocimientos, habilidades y destrezas requeridas
según la línea de acción, facilitando la preparación y manejo de la información
requerida.
Por esta razón, es necesario
que el gerente organice el trabajo en conjunto, de tal manera que se genere un
clima favorable al cambiar los patrones tradicionales de comportamiento
organizacional, adoptando un modelo gerencial que sirva como referente para su
desenvolvimiento en su ámbito de influencia (local, regional o mundial).
Respecto a la Dirección,
esta función permite tanto al gerente público como al que se desempeña en una
empresa privada, realizar un trabajo efectivo como orientador del grupo y lograr
un alto desarrollo de los elementos claves como: autoridad, motivación,
comunicación, coordinación y toma de decisiones. En consecuencia, el gerente
debe prestar suma atención a la habilidad humana y estar consciente de sus
propias aptitudes para determinar una gestión más flexible y participativa,
donde los resultados sean los que más se ajusten a la naturaleza y propósito de
la institución.
En este sentido, Drucker
(1999) compara la dirección con una sinfonía en la que la batuta del conductor
se va alternando, armonizando y concertando talentos, estilos e instrumentos
disímiles para analizar el problema, estudiar las alternativas, examinar las
consecuencias y producir la decisión, ingredientes fundamentales de una buena
gerencia. Dentro de este mismo orden de ideas, la dirección es un proceso que
implica autoridad, donde el buen resultado se concentra en lo que el gerente
hace.
Es por ello que dentro del
proceso gerencial, la dirección permite lograr el cumplimiento de las tareas
asignadas a los diferentes elementos que intervienen en el proceso
administrativo, tales como la motivación y el liderazgo para realizar
actividades que influyen en las actividades de otras personas.
Control: Es el proceso de
determinar si las operaciones reales y efectivas, progresan o no como se desea,
a fin de tomar las acciones que se requieran. El control, según Asnley, (1995)
permite hacer correcciones y modificaciones a tiempo para ajustar las
operaciones a las líneas establecidas en los planes sin pérdida de esfuerzo.
Por su parte, Burgos (1996)
señala que el control debe ser cuidadosamente planificado, individualizado y
rápido; por lo tanto, la información que se solicita debe tener significado
para la gente que la maneja y para el proceso que se desea controlar, es decir
que la información a suministrar no cueste más que el beneficio que de ella
pueda resultar.
En este mismo orden de
ideas, Torres (1999) plantea que el control constituye una verificación
sencilla y breve del apropiado cumplimiento de las tareas y del progreso en el
aprendizaje o rendimiento, con el propósito de coordinar y orientar el trabajo
de la clase hacia los objetivos específicos de la misma.
De acuerdo con lo
anteriormente expuesto, se puede inferir que este proceso representa hasta qué
punto los objetivos progresan con la planificación establecida y, al mismo
tiempo, realizar las correcciones y modificaciones para ejecutar el trabajo
diario según las necesidades de la organización.
Por su parte, la evaluación
es el proceso mediante el cual, el gerente estudia el ambiente o marco donde ha
de realizar su misión, demostrando su conocimiento, experiencia para evaluar
las circunstancias pasadas, presentes y futuras, en términos de los recursos
disponibles, de las relaciones con otros grupos organizacionales, de las normas
establecidas y de los procedimientos establecidos.
De allí que la evaluación
sea un proceso sistemático, por cuanto permite al gerente cerciorarse de que
las acciones de los miembros de la organización la llevan a la obtención de sus
metas, tomando en cuenta que la evaluación permite señalar debilidades y
detectar errores, a fin de que la rectificación oportuna haga propicio el
cumplimiento de los planes y programas planificados.
Asimismo, Torres (1999)
plantea que la evaluación debe desarrollarse en forma continua durante todo el
proceso y no exclusivamente al final del mismo; ello con el propósito de
encauzar permanentemente el quehacer diario hacia los objetivos señalados con
antelación. Como parte del proceso gerencial, la evaluación tiene como
finalidad principal, despertar el interés del trabajador hacia el mejoramiento
continuo.
Es por ello que el estilo
gerencial se constata a través de la acción. De esta forma, dicho estilo
presenta una fuente constante de retroinformación, lo cual le permite analizar
su propia experiencia, buscar soluciones positivas a sus competencias e
incorporar a su acción las modificaciones que sean pertinentes.
Sobre la base de lo
anteriormente señalado, se plantea que en la gerencia recae toda esta
responsabilidad de intercambio e integración, puesto que en toda organización,
la acción gerencial viene a constituir un factor de primordial importancia por
cuanto todos los actos, tanto administrativos como gerenciales, están
relacionados con dicha acción. Se requiere con ello significar que la gerencia
se presenta como una coordinación de todos los recursos presentes en ella.
Al referirse a la fase de
ejecución, Stoner (1999) señala que el gerente debe realizar una labor social
brillante para que sea efectiva y tener presente misiones tales como las de
comunicador y portador de la creatividad, de forma que le permita conducir y
retar a otros para que hagan lo mejor que puedan, guiar a sus colaboradores
para que cumplan con las normas de funcionamiento, realzar sus potencialidades
y recompensar con reconocimientos en función del trabajo realizado.
Como puede observarse, la
gerencia reviste vital importancia, pues tiene entre sus competencias el
conocimiento y la habilidad apropiada para conducir un grupo hacia el
cumplimiento de sus metas, previa conformación de equipos de trabajo. En este
contexto, el gerente educativo debe integrar a todos los que participan en el
proceso educacional y de esta forma, ordenar elementos de un todo de una manera
lógica y funcional.
2. La gerencia educativa en
el horizonte creativo
Todo acto gerencial debe ir
acompañado de un componente muy importante como es la creatividad; al respecto,
algunos investigadores indican que el proceso creador comienza en las
características que posee la persona. En este sentido, Bono (2006) indica que
la creatividad es la aptitud de producir ideas, composiciones y productos que
son esencialmente nuevos y desconocidos para el ser que participa en el acto
creativo. En este proceso de crear se forman nuevas estructuras y
combinaciones, las cuales comienzan a conformarse con la información que la
persona ya trae de experiencias pasadas; posteriormente se combinan relaciones
conocidas con otras desconocidas, y se generan nuevas relaciones.
A tal efecto, el ser
creativo -o persona creativa- no solo se enfrenta al desconocimiento de su
producto creativo, sino a aptitudes, fuerzas y talentos que han tratado de
determinarse a través de nociones complejas y poco exactas, tales como:
intuición, imaginación, inspiración, riqueza de ideas, inventiva y
originalidad; todo lo cual es considerado como pensamiento productivo, solución
de problemas e imaginación creadora.
Desde otra perspectiva, el
ser creativo muestra ciertas aptitudes, intereses, actitudes, temperamento,
cualidades emocionales y temperamentales, rasgos éstos propios de la
personalidad, además de un alto nivel de curiosidad, interés en el pensamiento
reflexivo, espíritu de aventura, actitud favorable hacia el cambio, gran
sentido del humor, alto nivel de tolerancia, autosuficiencia y autoestima alta.
Según Escalante (1999), el
ser creativo es un ser capaz de expresar sentimientos de afiliación,
entusiasmo, iniciativa, logro, ser de gran complejidad intuitiva, persistente e
inconforme, mientras que para Rogers (2000), ser creativo significa ser la
expresión de un proceso de desarrollo impulsado por la personalidad, donde las
personas crean constantemente de acuerdo al grado de libertad que poseen, es decir,
“ser”, ser auténtico, ser la persona misma a través de un proceso creador.
Por lo tanto, la creatividad
hace énfasis en el desarrollo del potencial y la autorrealización del capital
humano como una manifestación de su propia creatividad, íntimamente unida a la
apertura mental, la flexibilidad del pensamiento y la acción. En consecuencia,
el ser humano constantemente orienta su inquietud al conocimiento de la
creatividad. De aquí que en toda institución se requiere disertar sobre la
creatividad con miras a lograr la sinergia a través de innovaciones
significativas que necesita el modo de conducir las instituciones.
En este sentido, Martínez
(2000) señala que en todo ser humano existe de forma inherente, una tendencia a
la creatividad vinculada a su propio desarrollo. De tal manera que la
creatividad y gerencia son procesos inherentes a las organizaciones educativas
por la necesidad de manifestar las potencialidades de los protagonistas del
hecho educativo; es decir, la autorrealización, la cual orienta al ser humano y
genera la satisfacción de la acción, eleva la motivación y su apertura a la
participación productiva.
La creatividad, según
Carreras (2003), es un potencial que todo ser humano posee y que el gerente
educativo debe valorar y estimular en las instituciones educativas, mostrándose
abierto y sensible, tanto para descubrirla como para encauzarla como el don más
preciado, tomando en cuenta que la creatividad es un valor como tal y quienes
la poseen son originales en sus ideas, en su producción; tienen un pensamiento
diferente, son individualistas porque les gusta tener una creatividad de ellos
que lo adaptan a cualquier actividad, son imaginativas y curiosas; por eso, el
gerente educativo debe enfocar su acción gerencial hacia la creatividad, porque
en la medida que él le tome amor a su actividad gerencial, va a querer ser
creativo, y para ello es necesario que aplique las mismas normas y contenidos
que hay en el programa, pero dándole el toque de creatividad bajo una acción
gerencial, puesto que debe planificar los contenidos y discutirlos, si es
posible, con el grupo a quien le corresponde gerenciar para que luego tengan
una gama de conocimiento que los pueda aplicar en la organización.
Según Maslow, las personas
creativas muestran espontaneidad, expresividad, ingenuidad, no son temerosas de
lo desconocido, tienen capacidad de aceptar el ensayo provisional y la
incertidumbre, toleran fácilmente la bipolaridad y poseen la habilidad de
integrar los contrarios, lo cual es precisamente lo contrario al autoritarismo,
al constituirse en el mayor freno a la creatividad, porque no hay respeto, ni
diálogo, ni aceptación del punto de vista del otro.
Es necesario que el gerente
educativo estimule la imaginación, la fantasía, la curiosidad del docente; es
decir, el gerente educativo debe orientarse y llegar por sí mismo a varias
alternativas. Partiendo de lo señalado, es muy positivo alentar al docente a la
autoevaluación, que se marque sus retos y valore su propia actividad, inducirle
a verificar y experimentar las ideas originales, fomentar la libre manipulación
de objetos e ideas y enseñarle a descubrir posibles implicaciones, ayudarle a
ser receptivo a los estímulos de su entorno y a ser tolerante y respetuoso con
las ideas originales de los demás, despertar una actitud crítica, evitar que se
someta al autoritarismo y desvelar el optimismo, buscando causas y soluciones
ante los fracasos.
Resumiendo, emergerá el
potencial creativo en los docentes si sabe mantener su capacidad de afirmación,
su propio criterio sin modales agresivos. Finalmente, se les facilita la
experiencia de saber que ser uno mismo es trazar su propio camino y no
someterse al qué dirán, lo cual siempre entraña dificultades pero vale la pena
para ser felizmente creativo y de esta forma contribuir a su crecimiento
personal.
Al respecto, Arévalo (2002)
señala que la creatividad se comienza a ver desde algunas teorías como un hecho
ontológico más que cognitivo, es la presencia del hombre ante su realidad la
que importa y no tanto su eficacia sobre ella; es el hombre total el que
participa en el evento creativo y esto define el carácter de ese evento, no es
sólo un problema de conocimiento, en ese sentido el hombre se torna
transformador y creador de ámbitos, y esto precisamente porque participa de la
dinámica real de la vida que es caos y desorden.
Por otro lado, autores como
González y Mitjáns (2003), han sintetizado su punto de vista señalando que la
creatividad es un proceso de la personalidad vinculante de los aspectos cognitivos
y afectivos del individuo y, a su vez, vincula al individuo con las exigencias
sociales del medio.
De acuerdo a los distintos
enfoques de que ha sido objeto la creatividad, es de destacar que al gerenciar
una institución educativa, surge la necesidad de operacionalizar un enfoque que
permita al gerente, aprovechar al máximo el potencial creativo individual de
los recursos humanos disponibles, tomando en cuenta lo señalado por Majarano
(2002), quien plantea que para lograr el desarrollo potencial, inmediato y
futuro, es necesario tomar en cuenta la creatividad instrumental, la cual puede
desarrollarse bajo tres categorías diferentes: creatividad exploratoria,
creatividad normativa y creatividad por azar.
Desde este punto de vista,
la creatividad exploratoria señala ideas novedosas de carácter visionario y
busca escenarios y soluciones. Es muy útil para extrapolar hacia el futuro
partiendo de los conocimientos y tecnologías actuales; este tipo de creatividad
es de pensamiento libre y sin fronteras, lo cual permite el descubrimiento de
soluciones de alto valor para el grupo. Por otro lado, la creatividad normativa
es aquella que genera soluciones e ideas que le sirven al grupo para solucionar
necesidades específicas, viene a ser la creatividad con un sentido utilitario
práctico.
La gerencia educativa
permite realizar diagnósticos previos acerca de la situación, tanto del plantel
como del aula, laboratorio o escenario donde se desarrolle el proceso de
enseñanza y aprendizaje, tomando en cuenta que recientemente se han observado
innumerables cambios en el campo educativo desde el punto de vista cultural,
técnico y científico, por lo que el gerente educativo no puede permanecer
aislado ante los procesos en los cuales él mismo se involucra.
Al referirse a la
administración escolar, Knezevich (ob.cit) la consideró como uno de los
fenómenos del siglo XX y XXI, al plantear que el manejo y dominio de las
organizaciones dependen en gran medida del talento gerencial. En tal sentido,
el gerente educativo deberá fijar nuevas direcciones, definir objetivos y
replantear prioridades.
Del mismo modo, Ruiz (1999)
define la gerencia educativa como el proceso que se inicia con la formulación
de una idea, organización y empleo de recursos para lograr los objetivos
correspondientes, con la máxima eficiencia en sus operaciones, al llevar a cabo
eficientemente las misiones que se asignan.
El estilo gerencial del
docente, se constata a través de la acción educativa hacia los alumnos, quienes
constituyen el factor principal del proceso educativo. De esta forma, dicho
estilo presenta una fuente constante de retroinformación, lo cual le permite
analizar su propia experiencia, buscar soluciones positivas a sus competencias
e incorporar a su acción las modificaciones que sean pertinentes.
Por otro lado, es necesario
que el docente aplique la gerencia participativa en el aula, la cual le de
oportunidad a todos los alumnos de involucrarse en el proceso escolar,
partiendo de que la gerencia participativa según Anthony (1997), es el proceso
por el cual se involucra a los miembros de una organización a la toma de
decisiones importantes en la institución para el logro de las metas, es decir,
es la participación activa de las personas que intervienen en una organización.
A partir de lo anterior se
destaca que los gerentes deben tener habilidad para propiciar y mantener buenas
relaciones interpersonales, entender a las personas, ser buenos comunicadores,
deben saber resolver conflictos, canalizarlos hacia intereses constructivos,
extraer lo mejor del grupo, capitalizar los puntos fuertes de cada individuo y
superar las debilidades de cada empleado, aprovechando a la vez su talento para
satisfacer las expectativas del grupo y la organización.
3. A manera de conclusión
La gerencia educativa
constituye un factor clave para la creatividad, su gestión es determinante para
el logro de resultados positivos al administrar eficientemente una serie de
recursos, de los cuales el más importante lo constituye el recurso humano. Es
por medio de la labor que desempeñan los grupos de trabajo como se logran los
objetivos y se obtienen resultados.
Como gerente educativo, el
docente tiene que desarrollar actividades de supervisión que le permitan
organizar el trabajo, asignar y distribuir racionalmente las tareas a ser
ejecutadas. De la misma manera, debe motivar al alumno para que su aprendizaje
resulte productivo, asumiendo un rol de liderazgo para conducir adecuadamente
al grupo, corregir desviaciones, ejercer disciplina y control. Por lo tanto, el
gerente tiene que instrumentar y potenciar su creatividad para activar la
capacidad de quienes laboran conjuntamente, sobre todo en las organizaciones
educativas, en las que muchas veces la rutina marca la pauta tanto en las aulas
como en el resto de la institución.
Por otro lado, la creación
de nuevos escenarios por parte de todos los actores del hecho educativo, se
orienta hacia la participación sobre la base de una democracia participativa
que desplace el viejo esquema de la democracia representativa, como respuesta a
las transformaciones que experimenta la sociedad venezolana.
Como se observa, las
responsabilidades del docente como gerente educativo son bastante complejas y
para poder ejecutarlas eficientemente, es necesario contar con la participación
y el apoyo del equipo de trabajo, pues tal como lo señala Barceló (2001), un
grupo, una empresa, la sociedad, tendrán cohesión, eficacia y unidad si cada
uno de sus miembros se siente partícipe en las responsabilidades de la decisión,
en este caso específico los alumnos.
Al relacionar lo señalado
con la gerencia educativa, se concluye que este nuevo contexto en el que se
desarrolla la educación, busca construir una nueva concepción ideológica y
pedagógica, que conduzca a visionar una nueva gerencia educativa y con ello,
dar sentido al poder comunal, atendiendo a la capacidad y buen uso de los
recursos presentes en el entorno, a fin de llevar a cabo una serie de ideas y
propósitos plenamente planificados dentro de un escenario creativo, lo cual
servirá para dar un cambio a una gerencia tradicional que se ha desarrollado
sin una orientación hacia el cambio; es decir, una gerencia aislada de los
problemas comunitarios que, en cierto modo, afectan el proceso educativo al no
establecerse objetivos, normas y responsabilidades donde participen todos los
involucrados en dicho proceso.
Esto significa que la
gerencia educativa debe perfilar su creatividad con una orientación hacia la
transformación de la educación que hasta ahora se ha desarrollado; por lo
tanto, es necesario que se vincule el trabajo con el conocimiento de los
problemas comunitarios y de esta manera, constituir las bases institucionales a
efectos de obtener el mayor rendimiento del trabajo que se realiza.
4. Referencias bibliográficas
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Caracas Ediciones Romero.
Me parece muy acertado la investigación del autor del artículo, la creatividad es fundamental para desarrollar el potencial del gerente en todos los niveles y en especial a nivel educativo, por ello es menester que dentro de las instituciones se debe estimular la misma, para que así se generen ideas proactivas que ayuden al desarrollo no solo de la institución sino también de todos los entes inmersos en el proceso educativo.
ResponderEliminarComo un buen gerente educativo, es preciso planificar, organizar, evaluar todas las acciones a emprender por parte de los educadores. Integrar las herramientas tecnológicas para que el aprendizaje se haga más atractivo y a la vez interactivo. De esta manera, se evita la rutina, y se incentiva la sinergia y trabajo en equipo. Al haber integración de las partes, todos trabajarán al unísono, logrando así las metas propuestas. En verdad, muy interesante y acertado el artículo.